Mercado la Victoria

Realizado por:
Durán Moreno Daniela
Elías González Luis Enrique
Islas Reynaga Edgar Iván
López Delgado María Guadalupe
Pérez Ruiz Fernando Yael

Música: Vals sobre las olas – Orquesta sinfónica del IPN
Vals poético – Orquesta sinfónica del IPN
Voz: Islas Reynaga Edgar Iván

GUION:

Puebla de Los Ángeles, hoy llamada heroica Puebla de Zaragoza, fue fundada por el dominico Fray Julián Garcés, obispo de Tlaxcala, quien la idealizó como una comunidad de españoles; aprobada por la corona y fundada en 1531, sobre el camino de México a Veracruz entre las ciudades de Tlaxcala y Cholula.

Según la leyenda popular, Garcés soñó que los Ángeles lo llevaban a un hermoso Valle con un río y montañas de las que bajaban los ángeles y tendían sus hilos de oro y plata para trazar una ciudad. El clima favorable y la tierra fértil hicieron que prosperará cultural y económicamente llegando a ser la segunda ciudad más importante durante el virreinato. Además de los franciscanos fue también importante la orden de Santo Domingo de Guzmán, establecida aquí en 1534 y cuyos fieles comenzarían un año después la construcción de una iglesia improvisada para iniciar formalmente la construcción del convento en 1571 en el cual contaron con la intervención del arquitecto español Francisco Becerra.

Ubicado entre las calles 5 de mayo y 3 Norte entre las calles 4 y 8 Poniente en el centro histórico de la ciudad. La fachada es de 1611 en estilo purista trabajado en Cantera gris compuesta por dos cuerpos y un remate con columnas toscanas adosadas a cada lado del Arco central soportando el entablamento con un angosto arquitrabe con frisos con rosetas y estrellas además de un par de perros representativos de la orden Dominica.  

En uno de los brazos del crucero se encuentra la capilla de la Virgen del Rosario una joya Excelsa del Barroco mexicano. El ciprés que protege la imagen de la virgen, tiene 12 columnas corintias en mármol de Tecali y resto del cuerpo en oro de 24 quilates. Iniciada en el año de 1650 con mano de decoradores de la mixteca, encargados de trabajar con 21 quilates de oro en los relieves ascendentes que cubren los muros, pilastras y bóvedas.

Durante la primera mitad del siglo XIX el convento se mantendría intacto hasta la aplicación de las leyes de reforma con las que perdería casi la totalidad de lo que fue la huerta.

Parte de esta modernidad se reflejó en el equipamiento de la Ciudad, con edificios como el Palacio municipal, la casa Haro de maternidad uno de los primeros hospitales de especialidad, o la penitenciaría estatal, todos, contemporáneos al Mercado La Victoria.

El edificio cuenta con una torre de reloj enclavado en un conjunto escultórico con las alegorías del trabajo y el comercio que, a inicios del siglo XX, transmitían las ideas de orden y progreso.

En el año de 1873, fue Luis G. Careaga y Sáenz, ingeniero topógrafo, quién elaboró los planos y describiría: “Sobre el atrio de santo Domingo se formarán 14 tiendas de dos puertas cada una, con su trastienda, un patiecito, letrinas y una fuente de cantería con su agua correspondiente. Para las entradas a la plaza, habrá dos puertas grandes con sus rejas de fierro […] Queda un amplio patio donde se formará el mercado de frutas, haciéndoles unos cobertizos de fierro laminado, sobre columnas de fierro fundido, una fuente y un plantío de fresnos para dar sombra agradable”

Desde pocos años después de la fundación de la ciudad, el espacio de la plaza de armas sirvió para instalar el tianguis; luego, en 1714, comenzaron a establecerse en puestos fijos a los que se llamaba cajones; camiones cargando y descargando, falta de estacionamiento y basura en abundancia, provocaban una sensación de caos y esas eran las características de la central de abasto de una ciudad con pretensiones de modernidad… Esto obligó al municipio a actuar y a restablecer a los comerciantes ya que las Jaulas metálicas de perecederos a ambos lados de la avenida 3 oriente desde el bulevar 5 de mayo hasta llegar a la calle 12 sur, con unas ruinas en medio, no representaban la imagen de la ciudad moderna.

Aquello que parecía ser el vestigio de una antigua construcción, resultó ser el Puente de Ovando. Completo, con sus cinco arcos, esperando paciente hasta ser remozado e incluido de nuevo al paisaje urbano como fiel testigo del paso del río.

Regresemos al Mercado. Los muros de las fachadas serán de ladrillos revocados con cemento y de este mismo material se harán todas las molduras.  Las Torres terminales, las de arriba de las entradas laterales, así como la de entrada principal, estarán labradas en piedra. Las cúpulas de las torrecillas serán de concreto; el tejado de la torre del centro, de armadura de madera cubierta de plomo. En las entradas hay puertas de hierro ornamentales y en las ventanas grandes vitrinas de cristal emplomado.  Todas las entradas son de doble altura.

Cada compartimiento tendrá ventanas de estilo francés y balcones al frente.

La fachada tiene 183 metros de largo, se muestra un edificio de dos pisos en toda su extensión, tiene 3 puertas. Las otras dos entradas se destacan por su mayor altura sobre el techo formando torrecillas octogonales con tejados en forma de bóveda y por los escudos de la ciudad tallados sobre las puertas. Una cornisa moldeada, corona la altura y los únicos elementos ornamentales son los nuevos arquitrabes y frontis de las puertas.

El estilo de todo el conjunto: indudablemente ecléctico. Estilo que se desarrolló principalmente en Europa y Estados Unidos a principios del siglo 19 y que se caracteriza por seleccionar elementos diversos para diseñar estilos decorativos diferentes.

PLANOS:
El encargado de la magna obra resulta ser Julio Saracíbar de quien solo sabemos que era de origen español y no pudo terminar las obras ya que se vio precisado a volver a su país. El mercado se fijó como fecha de inauguración el 5 de mayo de 1913.

RECORRIDO:
El edificio estaba dotado de un interior ligero, esbelto, transparente y moderno. De planta libre, con circulaciones generosas logradas por el cruce de los dos pasillos principales de 10 metros de ancho; con iluminación y ventilación abundantes que, para conseguirse, en los citados pasillos se colocaron puestos de tres metros de ancho por tres metros de alto, así para estos fines, resultan prácticamente abiertos

Técnicamente, el edificio del mercado se levantó en 17,600 m2 que se dividirían en mercados más pequeños para fruta y verdura, pescado y carne, pan y tamales, y que quedarán independientes entre sí, pero conectados por los pasillos centrales. El plan general consistió en hacer desaparecer todas las instalaciones interiores de la plaza; en quitar el pavimento de piedra y sustituirlo por una plancha de concreto; en arreglar las diferentes secciones del mercado y organizarlo en torno a los dos pasajes centrales que lo atravesaran de lado a lado.

ESTRUCTURA:
La estructura fue prefabricada y traída desde Francia. Con vigas principales que trabajan a flexión unidas a los perfiles de la estructura secundaria por medio de remaches. Soportadas por columnas que trabajan a compresión y tienen mayor flexibilidad, fue uno de los últimos edificios construidos con hierro forjado.

El quiosco, romanticista con influencia mudéjar, que se define como eje del mercado, era exclusivo para la venta de flores. Cubierto con emplomados que enmarcan magníficamente su estructura metálica. Su autor: el maestro Enrique Cañas.

BIBLIOGRAFÍA:
Guía arquitectura representativa de la ciudad de Puebla.
Guía patrimonio religioso de la ciudad de Puebla.
Puebla ciudad de progreso pasado y presente de una metrópoli en transformación. Tomo I la ciudad moderna.
Puebla de mis amores, Urbano Deloya Rodríguez.